© Cristina Nieto y Luis Gil Pita

Nota fotográfica [1]
El aprendizaje diario y el desarrollo continuo del oficio de arquitecto debería hacerse en un lugar en el que no existiesen los libros[2], mucho menos cualquier revista, a no ser aquellas que simplemente hablasen de construcción, o de las que en el sentido sotiano, sirviesen para aprovechar la información de las últimas técnicas y procesos constructivos y poder arrancar estas páginas porque del resto nada interesa. Deberíamos, pues, en el sentido más intenso de la arquitectura, buscar un ambiente libre de contaminación literaria-arquitectónica alguna con el exterior, no sólo por la necesaria búsqueda de concentración en el tiempo de la reflexión y el trabajo propios de la arquitectura, sino muy principalmente por lo que debiera ser una procurada ausencia de cualquier imagen, en el sentido más contemporáneo que podamos pensar. Es decir un lugar, para trabajar, abstraído y sin bordes de contacto con la información en arquitectura (información no es conocimiento), un espacio intelectual, simplemente cultivado por la cultura propia y las torpezas interiores de cada uno, pero automarginado de referencias visuales próximas o lejanas y mucho menos a través del mundo masticado del papel.
Un lugar, pues, para pensar y redescubrir constantemente, con un único limite al exterior, tan abstracto como la metáfora del borde de un plato de sopa. Borde continuo e ilimitado que sabe de lo de fuera, de otros mundos que también humean, pero se concentra en el interior evitando cualquier contagio. Todo dentro y sólo tres cosas, agua, fumé o infusión y fideo. Nada fuera. Sólo la frontera redonda, infinita y obsesiva que contiene el interior abstracto de los principios elementales de la arquitectura, el oficio, las ideas y los procesos constructivos, que nos conduzcan a nuestros propios errores.
Ahora sin embargo, tendenciosamente como todas estas palabras, y con vuestro permiso, me salto la norma de evitar los libros, en el sentido expresado del contagio visual de las imágenes, en los procesos de creación arquitectónica y recomendaría introducir un único libro, de estraperlo, en el plato de sopa. El que recoge y habla de los libros que citan a la arquitectura a lo largo de la historia de la literatura, de Juan Calatrava y Winfried Nerdinger. Magnífico, como aquellos libros del bachillerato, que proporcionaban una amplia cultura, libre de vanidad y que daban paz y armas para siempre, como si fuera el María Moliner, al que con seguridad también dejarían entrar en el mismo plato con la segura recomendación de Carles Martí.
NOTAS
[1] Vista de las naves y gruas del puerto de A Coruña desde un plato de Sopa sito en el edificio de color chocolate de la C/ Manuel Piñeiro Pose
[2] Los libros claro que deben existir, a cientos, pero en otros lugares más personales y calmos, de tiempos demorados para la reflexión y lo suficientemente alejados del espacio de creación.
Referencias Bibliográficas
Arquitectura escrita / Juan Calatrava y Winfried Nerdinger editores
Madrid: Círculo de Bellas Artes, 2010
AQUÍ, el libro en pdf
